Soy bastante paciente. En general. Siempre ando atrasada así que sería demasiado fresca si me pusiera a reclamar porque alguien se demora. Odio el reloj, cierto. Pero siempre ando mirando la hora. Odio el celular, cierto. Pero siempre ando mirando la hora (y hablando por celular, obvio). Para ver si voy atrasada... lo que es siempre. En la mañana, en la noche, en la tarde... son pocos los momentos en que el tiempo me acompaña. Por eso, antes de que esto se convierta en una apología a mi demora y que mis queridos lectores empiecen a contar los minutos que llevan leyendo este post, voy directo al grano: odio las colas.Sí. La cola del supermercado. La cola del café. La cola del Servipag. Uf la cola del Servipag. Esa sí que es cola. La cola de la gente que va a las ventas nocturnas. Las que ponen bencina en las tardes. Las que van al banco el día 31, o el 1, o el 2, o el 3. Y los que hacen una cola de 10 cuadras sólo para ver que hay, como ha ocurrido en los últimos 10 días en una venta de Nike que hay al costado de mi oficina. Mañana y tarde. Cuadras enteras de gente esperando. A ver si agarran un par de zapatillas, un par de shorts o una polera. Por unas pocas lucas menos.
Y en eso pensaba en este par de semanas... ¿Qué pensamos cuándo esperamos? Es divertido pensar en la vida de las personas que hacen cola. Lo que hablan por el celular. Con quién están casados. Cómo será su casa. Con quién se agarraron. Quiénes tienen un amante. Cada persona en una cola es un mundo. Un mundo que no conocemos. Que adivinamos. En esos escasos o largos minutos en que compartimos un lugar. Que compartimos un objetivo común: llegar a la meta.
Porque cada vez que esperamos, esperamos algo. Nadie espera por esperar. Toda espera tiene un fin. Malo. Bueno. (No hay nada peor quedar justo primero cuando dicen: "ya cerramos" :) Un fin, al fin y al cabo, valga la redundancia. Y en eso me he pasado filosofando. En ese maldito puñado de expectativas que esperamos de la vida.
Nene, Nene que vas a hacer ...cuando seas grande... Decía la canción... Estrella de rocanrol (claramente no canto ni en la ducha)... Presidente la Nación (Podría ser pero no tengo espíritu de Bachelet). Y ahora que soy grande y la espera se acabó... Ya no sé que espero. No sé donde quedan las expecativas. No sé para dónde van los minutos.
Y por llego atrasada a todos los lados. Porque señoras y señores, me decidí a vivir sin esperar. A dejar los minutos acolchados en la almohada. Y a sólo ser. Ser, ser y ser. Sin expectativas. Sin minutos. Sin horas. Sin reloj.
Total, para esperar. Para eso están las colas. Y eso que yo también hice la de Nike
:)
1 comentario:
Hace un mes hice la cola más larga de mi vida... la de extranjería en la Calle Argentería en Barcelona para poder pedir una autorización de regreso a España porque mi NIE aun estaba en renovación. 8 horas y casi me impafarté. Odioso, apestoso, malísimo. Fue entonces cuando comprendí lo que significa ser inmigrante. Pero claro en esas 8 horas pasaron mil cosas. Se dieron cientos de conversaciones, algunos reclamos y combos incluso con los que osaban colarse, pero hasta una invitación a salir saqué de un compañero de fila pakistaní quien me ayudó a "adelantarme".
Creo que hacer cola, tener que llegar de madrugada para irse pasado el mediodía es una de las peores pérdidas de tiempo que he debido sortear en mi vida. Y es que odio esperar. Eso sí lolín, ya lo tengo clarito, porque para peor o mejor sí soy puntual.
Besos a la distancia!!!
Publicar un comentario