22.6.06

El jardí­n de al lado

Hay un mito creado en torno al jardín de al lado... Nuestros afanes voyeristas nos llevan una y otra vez a mirarlo. A desearlo. A buscarlo ... Creo que sería poco honesto decir que nunca hemos pensado que las flores son más bonitas en el jardín de al lado... Un pensamiento... una divagación ... un impulso al menos... Hoy pensaba en esto. Digamos que en la versión 2006 del jardí­n de al lado. Porque en esta era moderna ya siento el messenger como mi casa, mi refugio, el lugar donde puedo dar rienda suelta a mis pensamientos. Todo suena más bonito por el messenger. No hay ruido. Sólo el click del teclado cada vez que vamos tipeando las palabras. Y eso pasó hoy. Un vecino molesto, de clara inclinación voyerista y profunda adulación ególatra, comenzó a inmiscuirse en mis dominios.
Sí­. Empezó a dar rienda suelta a su imaginación. a soñar con ser un experto en redacción y diseño y a dar cátedras universitarias del tema. Grrr...... Y, más encima, en mis terrenos.... No viene al caso el tema de la discusión ni el personaje en cuestión. El tema que hoy me rondó fue cómo este individuo fue capaz de inmiscuirse en mis dominios y hacerlo en mi propia casa. Debí haberle cerrado la puerta en la cara."Ay, se cayó el sistema y me caí­. Perdona". Lo pensé. Pero por ese extraño deber ser de las relaciones laborales (sí, lo reconozco, soy polite. lo detesto, pero lo soy), la mantuve abierta. Craso error!!!! Terminé asqueada. Deseando escribir este blog.
Escuchaba que el otro dí­a habí­an entrado a robar a la casa de Paz Bascuñán. Joyas, equipos, I-pods, invaluables objetos... pero lo que a ella más le dolía, era la violación de la intimidad de su casa. Que hubieran dejado todo desordenado. Que hubieran hurgado en sus cosas.... Y hoy pensaba, tras un incidente absolutamente nimio en comparación a un robo, cómo algo tan frágil cómo un software llamado messenger se ha transformado en un refugio, en un espacio tan propio como el de una casa.
Hoy defendí­ mi espacio como una leona (estoy cada vez más irritable, me lo han dicho...). Tal como lo hubiera hecho con mi casa. Sí­, es cierto. Lo hice al alero de una ventana, respaldada por el silencio de la voz y el sonido de las teclas. Excusada por la frialdad de la pantalla y amparada por la poca extensión de los párrafos.
Pero lo hice. Tal como lo hubiera hecho si me hubiera encontrado al atacante de frente. Y me di cuenta por primera vez cuán vulnerables somos cuando abrimos la puerta de nuestra casa a los vecinos. Porque un acto tan banal como acepta este contacto o este contacto desea agregarlo a usted, nos deja al descubierto. Sí­. Nos expone. En las vitrinas del ciberespacio, en las telarañas de las redes de contactos, en los eslabones de las cadenas de e-mails o en las bandejas de entradas del dr. Pharmacy o el dr. Enlarger.
Hoy sonó mi alerta. La alarma del vecino molestoso que no sólo desea el jardín de al lado, sino que se cree dueño y desearía cultivarlo. Hay que tener ojo. No basta con encender el computador y dar rienda suelta al messenger. Hay que cuidarse. Los ruidos molestos están en todas partes.
PD: Soy ególatra. Lo sé. Pero gané por goles a favor. A los arroces los hicieron sushi (como hoy escuché por ahí­).

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