Mi mamá siempre me decía cuando era chica... Andas como pisando huevos... Y no precisamente porque hubiera pisado alguno de los miles de huevos que quebré al abrir el refrigerador... No... Pisar huevos era vivir en las nubes, volar, perderse en el universo propio, el mundo de la desconcentración, mi propia galaxia.
Hace tiempo que no sabía lo que era pisar un huevo. La cruda realidad de los últimos meses me ha remecido. Y muy fuerte. Bienvenida realidad podría decir ha sido el lema de mi vida en este tiempo. Hasta el fin de semana pasado. En realidad, hace dos fines de semana. El del 20 de octubre.
Fue mágico. Fue un sueño. Mi mamá me dijo que estaba loca. Obvio. En la universidad también. Se reían. ¡Cómo vas a ir a Ciudad de México por dos días!, me decía Francisco. Otros eran más optimistas. Tienes que ir a Xochimilco, al Museo Antropológico, a la casa de Frida Kahlo, al Zócalo, al Palacio de Gobierno... uffff. Muchos me saturaron con demasiada información para las 48 horas que había planeado pasar en mi primer viaje a Ciudad de México. En realidad, nada me importaba. Ni las burlas, ni las locuras, ni el Zócalo, ni Frida Kahlo... el objetivo era otro: cumplir el sueño de ver en vivo a The Cure. Escuchar la voz de Robert Smith desgarrándose en el micrófono al son de las guitarras de Simon Gallup y el resto de la banda.
No lo podía creer cuando la Ale me propuso la aventura. Era extraño. Ver por fin en vivo a la banda que ha marcado mi vida. Y no lo digo como groupie. Porque sí, soy groupie. Lo acepto. Pero los Cure son más que eso. Son parte de la banda sonora de cada una de las etapas de mi vida, cada uno de esos momentos, de mis penas y felicidades. A letter to Elise a todo chancho en mi Peugeot blanco dando un dulce beso. Aquellas noches de la Blondie saltando entre vampiros y vampiresas con las estruendosas guitarras de Never Enough. Esas coquetas escapadas de aventura a altas horas de la noche para escuchar Catch. Y cómo olvidar a High, el disco con el que alguna vez quise conocer la casa de un compañero de curso. Y nunca fue :(
Escucharlos en vivo era volver a vivir. Revivir. Revivir en unas semanas en que las tormentas han sido más que los días soleados. Y ahí. Al son de una cerveza Corona de casi un litro. Con los ojos negros, la polera rockera y mi amiga Ale gritando al lado, se oscurecieron las luces... El Palacio de los Deportes se iluminó... Y la voz de Robert Smith sonó... como el grito desgarrador de siempre, con la fuerza de sus discos, con la mirada perdida, los labios rojos y la cara blanca... Eran ellos. Y yo. Que de la emoción perdí la voz para gritar. Que sentía las lágrimas a punto de salir de los ojos. Era yo que por fin me sentía ... pisando huevos.
Del resto del viaje, quedó este recuerdo: http://www.flickr.com/photos/declaudia
6 comentarios:
La verdad es que se me pararon los pelos, te juro que imagino la sensación de AAAAHHHHHHH, o mejor aún, sin palabras, ante tan monumental hito en tu vida.
Cuando las luces se apagan y comienza a sonar la guitarra...
Me gusta como llegas al tema, como desarrollas tu punto...Pero además me emociono de saber lo que debe ser viajar especialmente a ver a tu grupo favorito. Es algo que aún no hago, pero que tengo prometido hacer. Espero lo cumpla.
Muchos besos y nos vemos en el "malolin".
Oye, chanturri, me alegro que hayas actualizado el bolg. Ya era mucho tiempo sin hacerlo para los asiduos lectores como yo. Qué bacán leer lo feliz que estabas ahí. Son estas locuras las que a veces se echan de menos. Ojalá sea el principio de los días más soleados y menos de tormenta. Quizás si vives las cosas como vienen, sin tanta paja de por medio, resulte todo mejor. Un beso. Suerte en el malolín...llamen si se prenden. Suerte.
Bueno, spupongo que te entiendo como pocos. Me alegro por ti, me alegro por Robert, y me alegro por la alegria que emana de la experiencia, pero si crees que estas cosas pasan una vez en la vida, puede que te equiboques, puede que pasen dos...ya veremos si en marzo todo sale igual o mejor, y pensandolo bien creo que seria madrid la ciudad ideal...
besos muchos
...y en veranito apaga la Sunimet
Simplemente genial! Yo lo encuentro total y a todo el mundo le cuento que tengo una amiga que se la juega por sus sueños al punto que tú lo haces, y es me enorgullece y motiva. Qué divertido lo de pisar huevos... para mi mamá, yo vivia en las nubes, y muuuuuchas veces se enojó conmig por "soñadora"... qué notable!
hola claudita: de verdad te felicito por tu experiencia "atómica", como dijiste en una de nuestras conversaciones. Ah! y espero que nos juntemos pronto a tomar un café, para copuchar de eso y más...un beso
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