
¿Y tú, crees en el destino? Ese es el slogan de la nueva teleserie del 7, una frase que me ha dado vueltas no estos días, hace varios días, quizás el último mes. Algo en lo que creo y pienso, no ahora... desde que tengo memoria...
El destino... una caja de accidentes... un camino de sorpresas... que delinea el pasado y va trazando el futuro en función de las decisiones, esas malditas decisiones que tomamos cada día... las importantes importantes y las que no... que igual son importantes, pero ni tanto.
Y pienso en el vestido azul y las trenzas de Dorothy... El camino amarillo y el de la bruja del bosque. Las decisiones que todos los días tomamos, las que forman parte del cajón principal de mi cerebro en estas últimas semanas. Porque estoy cansada de tanto decidir. Se me atrofió el cerebro. Game over.
Y como ya no quiero pensar y sólo quiero pasar, me estoy dejando llevar... por esos accidentes, por esos pequeños sucesos, pequeños detalles... buscando una explicación a la vida, a las cosas, a esas pequeñas tristezas y destellos de felicidad que rondan mi cabeza... y las explicaciones no llegan y las respuestas se quedan detrás de la puerta. Sólo confío en la sincronía. En esa conjunción de sucesos que irá trazando mi futuro y escribiendo el pasado. En ese día y hora en que se acoplan los minutos para dar lugar a esos pequeños accidentes.
Y la respuesta no llega. Y los accidentes siguen. Y mi cabeza se deja llevar. Te levantas a las 8, tomas desayuno, vas a la oficina, almuerzas, vas a la universidad, vuelves a la casa, ves la teleserie, comes, ves la teleserie, te duermes. Igual que el comercial del café. Sin despertar eso sí.
Así que un grito de auxilio. Si alguien tiene una respuesta, una llamada, un mail. O un comentario. Sin pelear eso sí. Plis. No sirvo para moderar esta semana.
El destino... una caja de accidentes... un camino de sorpresas... que delinea el pasado y va trazando el futuro en función de las decisiones, esas malditas decisiones que tomamos cada día... las importantes importantes y las que no... que igual son importantes, pero ni tanto.
Y pienso en el vestido azul y las trenzas de Dorothy... El camino amarillo y el de la bruja del bosque. Las decisiones que todos los días tomamos, las que forman parte del cajón principal de mi cerebro en estas últimas semanas. Porque estoy cansada de tanto decidir. Se me atrofió el cerebro. Game over.
Y como ya no quiero pensar y sólo quiero pasar, me estoy dejando llevar... por esos accidentes, por esos pequeños sucesos, pequeños detalles... buscando una explicación a la vida, a las cosas, a esas pequeñas tristezas y destellos de felicidad que rondan mi cabeza... y las explicaciones no llegan y las respuestas se quedan detrás de la puerta. Sólo confío en la sincronía. En esa conjunción de sucesos que irá trazando mi futuro y escribiendo el pasado. En ese día y hora en que se acoplan los minutos para dar lugar a esos pequeños accidentes.
Y la respuesta no llega. Y los accidentes siguen. Y mi cabeza se deja llevar. Te levantas a las 8, tomas desayuno, vas a la oficina, almuerzas, vas a la universidad, vuelves a la casa, ves la teleserie, comes, ves la teleserie, te duermes. Igual que el comercial del café. Sin despertar eso sí.
Así que un grito de auxilio. Si alguien tiene una respuesta, una llamada, un mail. O un comentario. Sin pelear eso sí. Plis. No sirvo para moderar esta semana.
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